Parece ser que este es uno de los temas que más interesan, y que a mi, personalmente, menos me gustan. Pero hoy vamos a hablar de qué es la bolsa y como funciona.
Lo primero, a eliminar mitos. La figura de Broker a lo “Wall Street” en España ya no existe, somos más vagos, y nuestra pereza nos llevó a la eficiencia (curioso, verdad). Por eso nos sacamos de la manga una cosa que se llama “mercado continuo“, todas las bolsas del país (Madrid, Valencia, Barcelona…) están conectadas entre sí, y los títulos van por ordenador. Así la ley de oferta y demanda se cumple.
“Relación que existe entre oferentes, demandantes y el precio. A mayor número de títulos en el mercado, y menor número de compradores de títulos, el precio será menor y viceversa”
Pero, como todo, esto tiene sus peros. En la bolsa no todo depende de la ley de oferta y demanda propiamente dicha. Cada acción, bono, opción y demás cosas que se pueden comprar en la bolsa… resumiendo, títulos, cambia de valor constantemente.
Y esto ocurre por la ley de oferta y demanda, cierto. Pero qué es lo que hace que la gente ahora quiera más títulos de una determinada sociedad y se quiera deshacer de otros. Simplemente no es otra cosa que lo que uno espera de un determinado título.
En este preciso momento es cuando las finanzas se tornan de un color rosado, y aparece de fondo la música de telenovela. ¿Por qué digo esto? Sencillo, porque el número de factores que afectan a un título es muy muy muy basto.
- Podemos entender que cada uno de estos factores es información que se dice de la empresa
- Que esa información la lanza la propia empresa y otras empresas “amigas” o no tan amigas de esta
- Que el valor de la empresa, y por tanto, de cada uno de sus títulos es la reputación de esta empresa en función de esas informaciones
Entonces, esto no se diferencia mucho de una reunión de señoras tomando té en una cafetería del centro. Donde podemos ver que cada una de las mesas de la cafetería es el “micro entorno” de cada empresa, la cafetería en sí es el “macro entorno” de la empresa, y los cotilleos que se arrojan son la información. Una mesa puede estar hablando de ellas o de la mesa de al lado.
Y como todas estas señoras son unas cotillas empedernidas, todas se enteran de todo, o casi todo. Y la reputación de cada una de las señoras varía a lo largo de un día, es decir, de 5 a 8 que dura el té.
Traslademos esto a la bolsa. Cambiemos reputación por valor, cotilleos por información, y el horario de tomar el té, por el periodo de cotización de los títulos en un día. No diferencia mucho de la cafetería y las señoras cotilleando.
También hay un conjunto de señoras que tienen que tomar el té en la barra de la cafetería, estas no pueden sentarse en mesas, y su reputación no es tan dañada. Digamos que estas sólo cotillean de las que están sentadas en las mesas, y su reputación no está en juego (estas son las empresas no cotizadas), que de vez en cuando les da por decir cosas malas de otras, y a veces cosas buenas.
Si seguimos buscando similitudes, podemos decir que el
Ibex35 es la “crem de la crem” de la cafetería. Esa mesa de clientas asiduas que siempre toma té a la misma hora, todas con una nube de leche y dos terrones de azúcar, y en invierno lucen elegantes abrigos de piel, y en verano enormes pamelas. Todas las integrantes de las demás mesas se mueren de envidia, y realmente querrían estar sentadas con ellas. Estas son el máximo exponente de la cafetería. Y cada cafetería de la ciudad (cada una de las bolsas del mundo) tiene su mesa de referencia.
Luego, además, cada cafetería tiene una señora a la que todas aparentemente quieren y tratan bien. En el caso de nuestra cafetería, es la señora
CNMV, que se encarga de parar los cotilleos negativos cuando se ceban con una pobre señora a lo largo del día. Regula que las señoras no se peguen entre sí, y mide la cantidad de azúcar que deben poner en el té, no les vaya a dar una hiperglucemia.
Luego está el nivel de maldad de cada una de las cafeterías de la ciudad. Esto es el tipo de eficiencia de los mercados, en tecnicismos. Hay tres niveles:
- Nivel de tipo 1: Los cotilleos de ayer no valen para hoy
- Nivel de tipo 2: ¿Cuánto tardan los cotilleos, desde que se comentan, en dañar la reputación? Debería ser ipso facto.
- Nivel de tipo 3: Absolutamente nadie tiene que saber los “trapos sucios” de cada una se las señoras. Estas son las que deben desvelar que su hija está embarazada del chico de la piscina, y no alguien de su entorno utilizarlo en su propio favor, sin que el cotilleo sea generalizado
Es decir, eficiencia de primer grado, de segundo grado y de tercer grado.
Y básicamente eso es porque los valores de la bolsa cambian a diario, y con una velocidad increíble. Ahora los cotilleos lo podemos sustituir por cosas del tipo “proyectos de inversión”, “nivel de deudas”, “reparto de dividendos” y demás cosas relacionadas con el mundo de la empresa.